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domingo, 23 de marzo de 2014

Hermanos de leche




Al hijo mayor de Felipe, todos lo conocíamos como Paquito "el casqueras" por sus increíbles hazañas tales como la de aquel día en que, jugando a policías y ladrones con su hermano menor Mariano, le descargó a bocajarro un tiro con la Star 49 que su padre guardaba desde la guerra. La bala se escapó incomprensiblemente a pesar del seguro de la pistola, traspasó el mullido colchón de lana de oveja y salió por el somier metálico de la cama, sin consecuencias. Sólo el susto y la paliza de su madre Asunción. O como aquella otra en que se tiró desde el balcón del dormitorio con un paraguas abierto, por paracaídas, para demostrar que podía volar.

Otras gestas que contribuyeron a su fama de casqueras consistían en jugar, con Manolito Carcelén en el pajar de Micaela, a que aprendía a nadar en una alberca; se ponía en pelota picada tirándose al montón de paja simulando que ésta era el agua. Micaela y su madre lo acusaban de estar loco y le zurraban con la esperanza de que entrara en razón. El, sin embargo, se justificaba alegando que quería aprender a nadar sin ahogarse, para no tener que ser rescatado por el hermano "güarín" de su amigo Tomás como ya le ocurriera en la alberca del "millonario".

Sorprendía siempre con su agudeza en las frecuentes discusiones que mantenía y que siempre zanjaba quedándose por encima del rival: "porque tengo razón y, además, porque mi padre es el alcalde". O aquellas otras que mantenía con su hermano pequeño en las tardes de "ligailla" en el bar de Corregüela en las que a la provocación final de que le tocara la polla, Paquito siempre le respondía "y tú a papá que la tiene más gorda, que yo se la he visto".

Era tremendamente activo, ocurrente, alto, delgado y de un aspecto físico envidiable, que conservaría toda la vida. Nadie nunca comprendió la pasión y adoración que siempre sintió por su amigo de pandilla Tomás. Grueso y mucho más bajo, parecieran la i y el punto, y que, además, le obligaba a hablarle de usted porque había nacido un día antes que él. Con el tiempo, muy pocos llegamos a saber la verdadera razón. Resulta que cuando con tres meses trajeron a Paquito al pueblo, tras su circunstancial alumbramiento en Madrid, era un niño llorón a más no poder, hasta el punto que su padre, algunas noches, no podía soportar la serenata  y lo mandaba a "dormir" con la Grabiela. La razón de aquel desconsolado llanto, no era que le habían trasladado al pueblucho, como sostenía muy interesadamente su madre, sino que, como posteriormente revelaría Maria Paula, la partera, la recién parida no producía suficiente leche para alimentarlo y conocedora que otra recién parida, Carmela, madre de Tomás, era una fuente inagotable de leche, que, no solo tenía a su niño saciadito sino que además le tenía que aplicar un sacaleches para que el caudal no le produjera un problema por embasamiento, decidió, sin conocimiento de Asunción, solicitar a Carmela el utilizar a Paquito como sacaleches ecológico. Carmela accedió generosa y, tras el experimento, el problema del llanto se solucionó, y la comadrona, cada día, con la excusa de que iba a que le diera el aire al chiquillo, se plantaba en la casa de Tomás para que su madre, amorosamente, saciara a Paquito, convirtiéndoles pues, en hermanos de leche.

Compartieron juegos, escuela, escarceos amorosos con la prima Carmencita y vida, hasta que la pubertad aconsejó a su madre trasladarse a un piso frente al escalextric madrileño para dar mayor oportunidad a sus hijos con el sueldo que Felipe -funcionario del Boletín Oficial del régimen-, obtuvo como alcalde del pueblo durante todo el tiempo en que allí habitó.





Mientras tanto, su hermano de leche, Tomás, licenciándose en Derecho, no tenía otra idea en la mollera que tomar posesión marital de su novia, pero vio retrasada su anhelada unión por cumplir con sus deberes  patrios que siempre sirvieron de burla a Paquito, quien no se explicaba cómo su amigo de infancia podía presumir de pertenecer al Regimiento de Caballería de Jaén con noventa y tres kilos de peso, por lo que no sabía sí penar más por la suerte de su amigo, o por la de los jumentos del batallón. Del modo que fuere, superado el destino, este desdichado Tomás se enfrascó, nada menos que en el estudio de las oposiciones a Notaría. Todos los días preparaba un tema de civil y otro de administrativo bajo la atenta mirada de su madre Carmela que potenciaba la dieta diaria en proteínas y lo animaba a comer sin tino, poniendo como pretexto lo del "tio Alejo" que, en su pensión en Granada mientras preparaba oposiciones a maestro de las Escuelas Pías, su escasez de comida, acabó debilitándole tanto el cerebro hasta el punto de que un día, mientras escuchaba el sermón dominical en la parroquia de San Antón, empezó a ver chorizos en lugar de devotos feligreses y cuando lo llevaron al pueblo, nadie pudo hacer carrera de su salud y acabó cuidando gallinas y tocando la flauta, que para eso tampoco se necesitan muchas alforjas.

En prevención de que se produjera otro caso parecido al tío Alejo, sus padres plantearon una adecuada estrategia. Se quedaría en casa y lo enviarían dos veces por semana a casa del notario de Jimena, que había conseguido prestigio levantándose con el numero siete de su promoción. Éste le recibió con un digno discurso en el que le insistió que nada importaba la inteligencia para ganar las oposiciones, sino un hábil planteamiento que partía de saberse de corrido los cuatrocientos temas, lo cual se consigue sólo a base de sacrificios: nada de lecturas, nada de amigos, nada de diversiones y, sobre todo, nada de mujeres. Se permitía fumar, porque el tabaco ayuda mucho en los ratos de soledad ante los Códigos. Le insistió que firmar una oposición equivalía a entrar en un monasterio de clausura. Aún peor, porque los monjes pueden coger la gripe, pero el opositor no puede siquiera caer enfermo. Se levantaría a las cinco de la mañana, con la fresquita, que es saludable para la memoria y desayunaría copiosamente para no incidir en la experiencia del tío Alejo. Estudio de seis a doce, comida de burgués porque las comidas copiosas atraen la sangre al estómago y dejan el cerebro sin riego. Siesta hasta la tres, cuatro horas de estudio, paseo para despejar la mente y cena frugal con relajo hasta las diez. "Esto, diariamente, todos los días", remarcaba el Notario.

Tras cuatro años monásticos de preparación, se aproximaba el día de las oposiciones. Después de haber presentado la documentación, la instancia por triplicado, el certificado médico y demás papelillos, además del título académico, se publicaron las listas de aspirantes admitidos. Ochocientos para treinta y cuatro plazas. Tomás, persona voluntariosa que había memorizado el programa y lo recitaba como un papagayo, no sentía preocupación por la competencia, pero se vino abajo como un globo desinflado cuando, quince días antes del comienzo de la prueba, se publicó una Orden ministerial que reservaba el treinta por ciento de las plazas para hijos de notarios encaballados en el escalafón.



Mientras tanto, Paquito superó el bachiller elemental y obtuvo empleo en la última tienda abierta por la cadena del Corte Inglés. Su carácter inquieto, trato afable y mente lúcida pronto le granjearon el favor de sus superiores que lo encumbraron en el puesto de jefe de planta de donde pronto pasaría a jefe de administración. Su juego con los números hacía difícil imaginar que aquel alumno de don Manuel Quesada al que retorcía las orejas por sus garrafales fallos en las cuentas de multiplicar de los cuadernos escolares "Rubio", ahora pareciera un mago de las finanzas, pues proyectó la empresa, aplicando criterios de productividad y rigor, a cotas hasta entonces desconocidas pujando y obteniendo la contratación administrativa para el suministro de todo tipo de material para centros hospitalarios del país. Se matriculó en la escuela de Comercio donde hizo Perito y Profesor Mecantil y, luego, en la Uned aprobando un curso de adaptación de los estudios de Economistas. Luego hizo oposiciones a Censor Jurado de Cuentas que aprobó a la primera en el 83 porque ya era un consumado contable. No pasó desapercibido a los cazatalentos que pronto lo rescataron para Director Financiero de una pequeña industria química en vías de expansión, donde Paquito desplegaría todo su ingenio natural como organizador y publics-relations.

Tomás comenzó su segunda etapa opositora que tardaría tres años más en convocarse. Sin embargo, su notario preparador, que había hecho del trance un asunto personal, lo trasladó con el a Madrid, y mantuvo el ánimo del aspirante, que ya por entonces se convertía en mozo viejo, se sabía de memoria el Castán Tobeñas y el Roca-Sastre, había gastado los caudales familiares y padecía algunos tic nerviosos. Vio como algunos de sus compañeros, incapaces de resistir, se apuntaban a la Legión extranjera y su novia se liaba con un representante de joyería que frecuentaba el pueblo vendiendo medallitas de la Inmaculada Concepción a las niñas prestas a hacer la Primera Comunión y escapularios del Perpetuo Socorro a las abuelas. Él, impertérrito y contra viento y marea, mantuvo prietas las filas y firme el ademán, hasta ingresar en el prestigioso escalafón de Notarios optando, en la adjudicación de plazas, por tomar la de Villadiego.

El ibex 35 reventó aquel día en que, sorpresivamente, la modesta pero próspera firma química de Paquito anunció su fusión con una gran multinacional farmacéutica en pie de igualdad canjeando sus acciones a idéntico valor nominal de mercado que la matriz. Obra maestra de Paquito que en sus frecuentes idas y venidas a Inglaterra, había intimado con la familia dominante de la multinacional y ahora veía frutos a tanto esfuerzo, desasosiego y vida en el aire.

La vida cambió aquel fatídico ocho de agosto cuando Paquito recibió la noticia del accidente trivial que le costaría la vida a su hermano de leche. Tras el doloroso duelo, Paquito enraizó en la fe, vendió sus acciones, pidió el finiquito y se marchó al pueblo. Acabó por hacerse una casa en el Cerrillo de los Villares, echó al Aznaitín dos mil cabezas de cabras y montó una fábrica de queso artesanal.

Me enteré que le habían nombrado Presidente honorario de la Fundación de la multinacional farmacéutica, pero en su tarjeta de visita, sólo consta un escueto: "Juan Francisco. Asesor Fiscal"



10 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Malvís, hoy tenía un mal día, ya sabes, ayer fue como el Armagedon; muerte de Suarez, el Madrid que pierde contra el Barsa y un trilero de la Plaza del Castillo de Pamplona y el Alieti que gana. Como el fin de los tiempos.

Pero tu relato me ha sacado de la melancolía. Me ha llevado a aquellos días cuando solo eramos proyectos; Tomás de notario y yo de honrado padre de familia con trabajito fijo.

Te cuento una anecdota de entonces que no sabes. Cuando Tomás toma posesión de la notaría de Villadiego, yo enseguida fui a verlo, lo que no me resultó facil ya que Villadiego es como un especie de cabeza de partido judicial de un montón de pedanías por las que andé perdido tratando de encontrarlo. Por fin en una especie de cortijada en la que había una tienda-bar, el tendero me indicó el camino a Villadiego donde vivía el notario de aquella comarca. Al dejar el lugar para retomar el camino, el tipo me dice; ¡oiga y hagame el favor de decirle a su amigo que como siga así, va a acabar con la camada de lechazos de este año!. Yo sonreí; sabía que el camino que me había indicado era el bueno. ¡Que jodio Tomás! y como nos pusimos aquel día de lechazo.

Un abrazo.

Pkto d Clpe.

Lo siento, me gustaríamandar esto de otra manera pero solo me sale como anónimo

pallaferro dijo...

Ay!, Si Plutarco aún estuviera por aquí! Abriría un nuevo capítulo de "Vidas Paralelas"!

Entrañable relatillo, Malvis. Son anécdotas que unieron, por leche y -casi- por cabras, a estos hermanos tan enraizados a su tierra. Paquito habita en el Cerrillo de los Villares, Tomás habita, para siempre, en su -y nuestro- Cerrillo de Costalo.

Y es que... alguien me dijo hace poco que "la cabra tira al monte"!

Un abrazo,

Alkaest dijo...

Un amigo de la infancia comentaba, siempre que venía al caso, que "es mejor tener hermanos de leche, que hermanos con mala leche", y es que en su casa eran cinco hermanos, todos mayores que él, por lo que siempre llevaba las de perder.
Pero al margen de eso, casi siempre es cierto el tópico de que se lleva uno mejor con los "hermanos de leche" que con los "hermanos de sangre".

Salud y fraternidad.

KALMA dijo...

Hola! Aunque no tiene que ver con la amistad hay un refrán que dice: "quien es tú hermano, tú vecino más cercano", los mayores lazos los da la vida, voluntariamente se generan vínculos que ni el tiempo ni la distancia pueden romper, son más fuertes que la sangre, las vivencias, todas ellas, con buena y mala leche, un relato precioso.
Un beso.

Anónimo dijo...

Malvís, me parece muy interesante la redacción de anécdotas de aquellos tiempos.
Deberíamos hacer más énfasis las generaciones posteriores en como disfrutábamos de la vida familiar, de las amistades, de los vecinos, de la convivencia en general en un pequeño pueblo como es Albanchez de Mágina.
Jamás he pasado una infancia tan fructífera y feliz como en el pueblo de mis padres el cual he hecho mío. Aunque soy hija de emigrante mis raíces permanecen en aquella tierra.

Loli hija de Alonso (El Sacristán y Dolores (De los cojolarubia)

Malvís dijo...

Bueno, Pkto d Clple, al fin y al cabo, tú eres el protagonista. Y me alegra saber que no solo sigues este blog de nuestra infancia agotada ( que no perdida) y eres capaz de aportar anécdotas que enriquecen el relatillo. Ello, me hace pensar que, a veces, tomar distancia, no es huir, sino un modo de trascender lo vivido para idealizarlo.
Espero tenerte por aquí siempre.

Un fuerte abrazo

Malvís dijo...

Tu comentario, querido Géminis, es de los que hacen hueco en el corazón y en la memoria. Rescatas momentos compartidos que a tí te debieron impactar, porque tras tu invocación a esas vidas paralelas, no olvidas que cuantas veces subimos a la piedra lunar del Cerrillo de Costalo, no sólo hay un abrazo, sino que recuerdas el espíritu de alguien que siempre eligió ese lugar para descansar.

Un abrazo del Cerrillo.

Malvís dijo...

Por algo eres el Magister, querido amigo. Tus comentarios son reflexiones de calado vital que siempre agradezco.

Un abrazo.

Malvís dijo...

Gracias, Bruji.

Malvís dijo...

Sinceramente, Loli, no te reconozco. Aunque si eres hija de Alonso, ya te consigo resituar porque tengo presente a tu padre cuando abría la iglesia donde yo ejercía de monaguillo menor con don Luis. Algo de esa vivencia aparece en este relato:http://elmundodemalvis.blogspot.com.es/2011/10/levantate-y-anda.html, donde habrás reconocido a Miguelón.
Ha sido una grata sorpresa tu comentario y, sobretodo, tu seguimiento al blog donde esas pequeñas cosas que tu pretendes conservar, tienen cabida como seguramente habrás leído en alguno de los relatos. Comprueba estos:http://elmundodemalvis.blogspot.com.es/2012/08/guerras-inciviles.html
http://elmundodemalvis.blogspot.com.es/2013/03/el-tiempo-agotado.
o este otro: e:htmlhttp://elmundodemalvis.blogspot.com.es/2011/11/el-loco-pasolargo.html

Quizá te traigan a la memoria tiempos pasados que tu pretendes rescatar porque fuiste feliz.

Un saludo afectuoso


Publicación 2006
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